Ricardo Ordóñez, el joven Maestro FIDE que lleva a Guatemala al tablero mundial

Con 12 años, el joven Maestro FIDE enfrenta grandes desafíos internacionales, acumula experiencia y construye una prometedora trayectoria representando a Guatemala.

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Ricardo Ordóñez, el joven Maestro FIDE que lleva a Guatemala al tablero mundial

Hay partidas que se ganan con una combinación precisa y otras que dejan aprendizaje incluso cuando el resultado no acompaña. Para Ricardo Andrés Ordóñez Bonilla, el ajedrez representa ambas posibilidades: un espacio para competir, aprender y medir su talento frente a jugadores de distintos países. Con apenas 12 años, el guatemalteco ya ocupa un lugar en la Selección Nacional que participa en la 46.ª Olimpiada Mundial de Ajedrez 2026, en Samarcanda, Uzbekistán.

El torneo, que se desarrolla del 15 al 27 de septiembre, reúne a selecciones de más de 200 países y cerca de 2 mil ajedrecistas en la sección abierta. En ese escenario, Ricardo es uno de los representantes más jóvenes y el jugador menor de 12 años de la delegación masculina guatemalteca.

Su presencia en la máxima competencia mundial por equipos no llega por casualidad. Detrás existe una trayectoria que comenzó cuando era niño y que avanzó con rapidez hasta llevarlo a conseguir el título de Maestro FIDE (FM).

De la curiosidad al tablero internacional

Ricardo comenzó a acercarse al ajedrez alrededor de los 9 años. Según contó a la Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala (CDAG), encontró un tablero en casa y empezó a jugar por curiosidad, mientras también observaba a su padre practicar.

Antes de concentrarse en el deporte ciencia, probó disciplinas como atletismo, natación y karate. Sin embargo, el ajedrez terminó captando su atención.

Su progreso fue rápido. CDAG documentó que, con aproximadamente un año de práctica competitiva, comenzó a destacar en torneos nacionales e internacionales y trabajó bajo la dirección del entrenador Guillermo Bolaños.

Una de sus primeras grandes experiencias internacionales llegó en el Festival Centroamericano y del Caribe de la Juventud, donde consiguió posiciones destacadas y el título de Maestro Candidato.

El siguiente salto ocurrió en abril de 2025, durante el Torneo Subzonal 2.3.1 Absoluto, disputado en Tegucigalpa, Honduras. Ricardo terminó noveno en la clasificación general, fue el mejor guatemalteco y obtuvo los campeonatos U20 y U12. Además, consiguió el título de Maestro FIDE, convirtiéndose en el centroamericano más joven en alcanzar esa distinción.

Un joven frente a jugadores experimentados

En Samarcanda, Ricardo pasó de los torneos juveniles a compartir tablero con ajedrecistas de amplia experiencia internacional.

El registro de la Olimpiada lo ubica como jugador del tercer tablero de Guatemala. En las primeras jornadas tuvo encuentros contra representantes de distintos países, incluidos jugadores con títulos internacionales.

Uno de sus duelos más llamativos ocurrió ante el Gran Maestro islandés Jóhann Hjartarson, en una partida disputada bajo la Defensa India de Rey. El encuentro terminó con victoria para el representante de Islandia, pero también representó una oportunidad para que el joven guatemalteco enfrentara a uno de los jugadores de mayor recorrido del certamen.

La experiencia competitiva continuó en las siguientes rondas. Para el 25 de septiembre, Ricardo acumulaba 3.5 puntos en siete partidas, con victorias ante representantes de Guinea, Haití y Paraguay, además de un empate frente a Afganistán, según los registros y la cobertura del torneo.

Más que una cifra en el ranking

La evolución de Ricardo también puede observarse en su rating. Para esta Olimpiada figuraba alrededor de los 2,182 puntos Elo, una cifra que refleja el nivel competitivo que ha alcanzado pese a su corta edad. La Hora lo identifica además como el segundo mejor jugador sub-12 de América en 2026, de acuerdo con los registros de la FIDE.

Su recorrido ya incluye otros resultados destacados. En octubre de 2025, cuando tenía 11 años, participó en el Torneo de Ajedrez Revolución, organizado por el Ministerio de Cultura y Deportes y el Club Caissa GT. Allí consiguió victorias frente al Maestro Internacional Carlos Juárez y el Maestro FIDE David Girón, dos jugadores con amplia trayectoria dentro del ajedrez guatemalteco.

Aquella actuación mostró que su desarrollo no se limita a las categorías infantiles. Ricardo comenzó a enfrentarse cada vez con mayor frecuencia a jugadores de mayor edad y experiencia.

Disciplina detrás de cada movimiento

El talento es solo una parte de su preparación. En una entrevista con CDAG, Ricardo explicó que combina sus estudios con varias horas de entrenamiento semanal.

De lunes a miércoles trabaja teoría; jueves y viernes dedica tiempo a jugar partidas y los sábados analiza los errores cometidos durante la semana. En total, la preparación puede alcanzar entre cuatro y cinco horas diarias de ajedrez.

También ha hablado sobre la importancia de mantener un equilibrio entre el deporte, el colegio y su vida personal. Para él, continuar con sus estudios forma parte del crecimiento que busca mientras desarrolla su carrera como ajedrecista.

Esa visión permite entender que su historia no gira únicamente alrededor de ganar partidas. Cada competencia representa una oportunidad para reconocer errores, estudiar nuevas posiciones y enfrentarse a escenarios que antes parecían lejanos.

Un sueño que todavía está comenzando

Ricardo ya consiguió algo que muchos jugadores persiguen durante años: representar a su país en una Olimpiada Mundial siendo todavía un niño. Pero sus propias metas van mucho más allá.

En 2025, cuando conversó con CDAG, habló de llegar a entre 2,200 y 2,400 puntos Elo y expresó su deseo de convertirse algún día en campeón mundial.

Ahora, en Samarcanda, cada partida agrega una experiencia diferente a ese camino. Algunas terminan con una victoria, otras con una derrota y otras se convierten en lecciones para la siguiente ronda.

La historia de Ricardo demuestra que el tablero puede convertirse en un escenario de crecimiento mucho antes de llegar a la adultez. A los 12 años, ya conoce la presión de representar a Guatemala, la exigencia de enfrentarse a maestros internacionales y la disciplina que demanda avanzar en el alto nivel.

Su participación en Uzbekistán, por eso, puede verse como mucho más que una aparición en una Olimpiada. Es una etapa de formación frente a algunos de los mejores jugadores del mundo. Y si algo deja claro su recorrido hasta ahora, es que todavía quedan muchas partidas por jugar y muchas posiciones por resolver.