Empresas en Centroamérica que ya miden su huella de carbono
Conoce las empresas en Centroamérica que ya miden su huella de carbono y cómo lideran la gestión ambiental.
Actualmente, las empresas en Centroamérica que ya miden su huella de carbono están redefiniendo los estándares de gestión corporativa al transformar datos en estrategias de eficiencia operativa. Este cambio de paradigma permite a los tomadores de decisiones identificar riesgos y oportunidades en sus cadenas de valor, garantizando la resiliencia ante las exigencias del entorno actual.
Organizaciones líderes en la región, demuestran que la cuantificación bajo normas internacionales es el primer paso para una descarbonización efectiva. Estas corporaciones más que reportar cifras; gestionan su impacto para asegurar un crecimiento económico alineado con la preservación del entorno regional.
En este contexto, es importante diferenciar los niveles de gestión climática empresarial. Medir la huella de carbono es el primer paso; sin embargo, conceptos como carbono neutro y carbono positivo reflejan grados más avanzados de acción. Mientras una empresa carbono neutro compensa la totalidad de sus emisiones, una organización carbono positivo va más allá, logrando un balance ambiental favorable al remover o compensar más CO2 del que genera en sus operaciones.
Empresas centroamericanas que están trabajando en su huella de carbono
FIFCO

Para FIFCO, la sostenibilidad es un pilar que trasciende la simple compensación. Su estrategia se centra en devolver al ecosistema más de lo que sus operaciones extraen, logrando metas de "Carbono Positivo" en sus instalaciones de Costa Rica. Este logro se basa en una reingeniería profunda de sus procesos internos, donde la eficiencia es una métrica de regeneración ambiental que fortalece su reputación ante stakeholders internacionales.
Uno de sus mayores aciertos radica en la implementación de un sistema de "Cargas Compartidas" dentro de su red logística. Gracias a esta optimización de rutas, la empresa ha evitado el recorrido de más de 88,000 kilómetros, lo que se traduce directamente en una reducción masiva de emisiones de gases de efecto invernadero.
Agencias J.I. Cohen

Agencias J.I. Cohen, fundada por Jack Irving Cohen y bajo el liderazgo de Alberto Cohen Mory, se posiciona como un referente en la gestión ambiental de la logística farmacéutica mediante una cuantificación rigurosa de 1,707.97 t CO2e. Su enfoque hacia la sostenibilidad empresarial se centra en desglosar el impacto de sus sedes en Mixco y Quetzaltenango para optimizar el uso de recursos críticos. Con un monitoreo constante, la empresa garantiza que la distribución de productos de salud cumpla con los más altos estándares éticos, asegurando que cada entrega sea ambientalmente responsable.
A nivel corporativo, la organización forma parte de un modelo ambiental carbono positivo, ya que logra compensar y superar sus emisiones totales mediante procesos de captura de carbono. Esta capacidad permite que las emisiones generadas por su operación farmacéutica sean mitigadas dentro de una estrategia integral que combina eficiencia logística, uso de energía renovable y compensación ambiental, consolidando un impacto neto favorable.
Cementos Progreso

Cementos Progreso ha establecido un estándar ambicioso para el sector de la construcción en Guatemala al trazar una hoja de ruta hacia el estado de carbono positivo. La empresa integra la medición rigurosa de sus emisiones directas e indirectas, utilizando estándares internacionales para validar cada avance operativo. Su gestión corporativa prioriza la innovación tecnológica para transformar una industria tradicionalmente intensiva en energía en un modelo de responsabilidad climática que atrae inversiones sostenibles.
Actualmente, el 62.1% del consumo eléctrico de la organización proviene de fuentes renovables, un hito que impacta positivamente en la reducción de su huella de energía importada. Al sustituir fuentes fósiles por alternativas limpias, la cementera no solo mejora su perfil ambiental público, sino que asegura su resiliencia operativa.
Por consiguiente, el uso de energías limpias se consolida como el activo estratégico que permite a la organización liderar la transformación hacia una infraestructura más verde en la región.